Declaración Profética (San Diego): En defensa de todo lo sagrado
Estamos viviendo un momento en el que cada una y cada uno de nosotros está llamado a ser profeta. Proclamamos de manera profética que toda vida humana es sagrada.
Hoy, la sacralidad de la vida humana está siendo amenazada. Estamos viviendo un momento en el que el miedo se está usando como arma.
La violencia, la intimidación y el abandono se están descargando contra las personas más vulnerables entre nosotros: a través de operativos de control agresivos, del desmantelamiento de la atención médica y de las redes de protección social, y del debilitamiento del acceso al cuidado infantil, la vivienda y la dignidad humana. Las familias están siendo separadas, no por accidente, sino de manera deliberada. El silencio se ha convertido en complicidad, y la demora en una forma de consentimiento.
Lamentamos este momento.
Y lo rechazamos.
Como personas de fe, afirmamos que cada persona fue creada a imagen de Dios. Cada ser humano merece ser tratado con dignidad. Ninguna política, ningún cargo público, ninguna administración tiene la autoridad para borrar esta verdad.
Cuando quienes tienen la responsabilidad de gobernar renuncian a proteger el bien común—cuando el Congreso no exige rendición de cuentas al poder—las comunidades de fe no pueden permanecer neutrales. Las Escrituras son claras: cuando las personas vulnerables están en peligro, el pueblo de Dios está llamado no solo a hablar, sino a ponerse de pie y actuar.
Sabemos que quizá ya no sea solo un tiempo de declaraciones. Puede ser un tiempo en el que se nos llame a poner el cuerpo donde está el corazón, y en el que, a veces, eso signifique elegir conscientemente estar al lado de nuestras hermanas y hermanos que están sufriendo.
Hacemos este llamado a la comunidad de San Diego:
- A nuestras autoridades electas: este momento exige un liderazgo valiente. Protejan a sus comunidades. Usen su autoridad para defender a las familias, cuidar la salud y el bienestar, y oponerse a políticas que aterrorizan en lugar de servir. Lideren más allá de los trámites y la comodidad: den testimonio moral, manténganse firmes en sus principios y valores, y defiendan a las personas vulnerables a cualquier costo.
- A líderes y comunidades de fe: prepárense. Espiritual, práctica y públicamente. Esto no se trata de lealtades partidistas, sino de convicciones morales.
Ejerzan sus derechos y no permitan que ganen las tácticas de intimidación y miedo. En California, los agentes federales deben portar identificación visible y no pueden operar encapuchados. Esa es una conquista que defendemos.
- A nuestras vecinas y vecinos que tienen miedo: no están solos. Caminaremos con ustedes. Estaremos presentes. No los vamos a abandonar.
La fe, en este momento, no es un consuelo privado.
Es un compromiso público.
No buscamos el conflicto.
Nos oponemos a la detención indiscriminada y a las deportaciones masivas de personas.
Nos mantenemos firmes en el amor, guiados por la conciencia y responsables ante un Dios que escucha el clamor de quienes sufren. Y declaramos: lo que amenaza a los más pequeños entre nosotros, nos amenaza a todos.
Esto es lo que elegimos ser.